sábado, 25 de enero de 2014

La boda de las avecillas


La víspera del 25 de enero los niños de Alta Lusacia (sip, aquí es donde vivo) colocan un plato en la ventana de casa o frente a la puerta, siguiendo una tradición sorbia conocida como "la boda de las avecillas" (Vogelhochzeit). Al amanecer, los platos estarán repletos de dulces y panecillos con forma de pájaro o de nidos. Así es como las aves agradecen el alimento que reciben durante el invierno, los granos que los humanos cuelgan en los árboles o ponen en las casitas para pájaros cuando los campos están cubiertos de nieve y es más difícil encontrar alimento.


Me había propuesto preparar algunos de los dulces para este día, incluso iba a hacer un curso para aprender a hacerlos, pero el curso lo cancelaron por falta de participantes (es lo que tiene vivir en la tundra) y sin la cita programada a mí, como que se me fue el tiempo en otros menesteres. El caso es que no quería dejar pasar la ocasión sin enseñároslos, así que me he pasado por la panadería (¡único establecimiento del pueblo!) y he comprado algunos. Y de paso socializo un poco y los vecinos se van acostumbrando al acento raro de la nueva :D


Los nidos de pájaro llevan una base de galleta, crema de mantequilla y cobertura de chocolate. Los pajarillos pueden ser de brioche, aunque también se hacen nidos o pájaros completamente de merengue. Y bueno, a ver si el año que viene ando más espabilada.

martes, 24 de diciembre de 2013

La Navidad en Sajonia...

...está llena de estrellas de Moravia, originarias de la pequeña localidad de Herrnhut.


... y repleta de mercadillos de Navidad, como el de la ciudad de Bautzen con su torre inclinada, uno de los mercados más antiguos de Alemania.


La Navidad en Sajonia ofrece además uno de los dulces navideños más tradicionales, el pan especiado Lebkuchen, más conocido en la zona como Pfefferkuchen, el que se elabora en la localidad de Pulsnitz, que todos los años celebra ya a principios de noviembre un mercado dedicado exclusivamente a esta especialidad.

 


Sin embargo, si le preguntáis a cualquier sajón por el dulce navideño más tradicional, no dudará en afirmar que es ¡el Stollen! Si son además varias las personas a las que preguntáis, puede que os pase como a mí al lanzar la pregunta en uno de mis cursos de español, que se iniciará una animada discusión sobre la peculiaridad de cada receta familiar y sobre los ingredientes especiales en cada una.

Si alguien quiere probar la que yo aprendí, aquí os dejo una receta para pastelillos de Stollen, la versión mini de este pan navideño.

Con esto solo me queda desearos unas muy...


¡...y hasta  el año que viene!

domingo, 17 de noviembre de 2013

Cambio de aires

Si había algo que tenía claro yo, era que nunca me iría a vivir a un pueblo. Ay..., la de palabras que hay que tragarse en esta vida. Héteme aquí hoy viviendo en el campo, en una aldehuela de 125 habitantes. 125 habitantes y yo. En plena pampa sajona a medio camino entre Polonia y la República Checa.


¿Que qué hago yo aquí? Esa pregunta me hago todas las mañanas cuando me siento al escritorio de mi nuevo despacho y las gallinas de los vecinos se asoman a la valla para ver qué hace hoy la nueva.

En resumidas cuentas, eso es lo que ha estado pasando mientras en este blog no pasaba nada. Que me he mudado. A un pueblo. Lejos de la gran metrópolis, lejos de Berlín. Tras 18 años exactos en la capi de esta república, ¡una mayoría de edad!, supongo que ya era hora de salir a conocer la otra Alemania, la de verdad, la que dicen que Berlín no es. Vamos, que echaba de menos el choque cultural.

Así que a partir de ahora puede que este blog tenga un aire más campestre, desde esta casa de la pradera. Habrá huerta, habrá conservas, puede que hasta mermeladas, alguna que otra anécdota rural y espero que también haya crímenes culinarios que resolver...

Hasta entonces toca terminar de aprovisionarse para el invierno. Por ejemplo, llenando la bodega de manzanas o envasando el verano en botes. Estos no son míos, este año no he llegado a tiempo, pero para que os vayáis haciendo una idea. (¡Uf, lo que me queda por aprender!)


jueves, 1 de agosto de 2013

Tarta helada de melón y yogur

Este julio han tocado un par de semanas en pleno campo sajón. Como ya os conté hace tiempo aquí, para esta gente la hora del café es sagrada. Y como no hay café sin tarta, aquí la que firma, en pos de integrarse lo máximo con el entorno y facilitar en lo posible el entendimiento entre los pueblos, se sacrifica lo que haya que sacrificarse. Vamos, que si les gustan las tartas, por ahí no me van a pillar. Menos mal que encontré una tarta fresca y bien fría en esta revista (que tiene dicho sea de paso unas tartas de escándalo), porque con la caló que está haciendo por estos lares, no estaba el horno para tartas.

¡Buen agosto a los que todavía andéis por ahí!



Ingredientes

Para el bizcocho
100 g azúcar
80 g harina
3 huevos

Para el relleno
300 g yogur natural cremoso
150 g nata
1 melón pequeño tipo Galia
70 g azúcar
8 láminas de gelatina
ralladura y zumo de un limón

Decoración
1 trozo de sandía, 2 kiwis

Elaboración
El bizcocho: Precalentamos el horno a 175 °C. Batimos los huevos con el azúcar unos cinco minutos hasta obtener una mezcla espumosa. Entonces tamizamos la harina encima uniéndola con movimientos envolventes. Engrasamos un molde de fondo desmontable (de unos 22 cm de diámetro), vertemos la mezcla y horneamos unos 30 minutos. Sacamos y dejamos enfriar.


El relleno: Ablandamos durante 5-8 minutos las hojas de gelatina en agua fría (o según indique el paquete). Partimos el melón Galia por la mitad y con un sacabolas o cuchara parisina (o una cucharilla pequeña en su defecto) sacamos el mayor número de bolas de melón posibles, que reservamos para más tarde. Aprovechamos los restos de fruta del melón, que trituramos con el azúcar, la ralladura y el zumo del limón. Sacamos las láminas de gelatina del agua, las escurrimos bien y las derretimos en un cazo a fuego medio sin que llegue a hervir. Añadimos dos cucharadas del puré de melón y removemos bien. Añadimos después al resto del puré e incorporamos el yogur. Metemos en la nevera a enfriar durante media hora aproximadamente, hasta que la mezcla empiece a gelificar. Durante este tiempo montamos la nata que añadiremos finalmente a la mezcla de yogur.

Cortamos el bizcocho por la mitad, en horizontal, y colocamos la base dentro de un aro para tartas (o un molde redondo sin la base desmontable si no tenemos un aro especial). Colocamos encima la mitad de las bolas de melón que habíamos reservado. Cubrimos con la mitad de la crema de yogur. Colocamos la mitad superior del bizcocho y cubrimos con el resto de la crema alisando la superficie. Cubrimos el molde con papel transparente y lo metemos en la nevera a enfriar unas dos horas. Una hora antes de servir la tarta, la metemos en el congelador.

El acabado: Con la cuchara parisina sacamos bolas del resto de las frutas (sandía, kiwis) con los que decoraremos la tarta antes de servir.


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