Como soy una bocazas y dije que hablaría de la huerta, muchos me habéis preguntado ya por ella. La cuestión es que estaba esperando a que estuviera un poco más avanzada para poder fardar de ella (que de eso va la cosa, ya sabéis ;), pero como veo que eso va a llevar su tiempo, aquí está la primera actualización sobre el estado de la cuestión. Espero que satisfaga vuestro voyeurismo y, claro está, mi creciente exhibicionismo.
Las fresas, urbanas como yo, pero que parece que tampoco llevan mal el cambio de aires después de haberme acompañado los últimos años en un macetero de mi antiguo balcón berlinés [suspiro].
Las judías verdes que me dio mi madre, hijas de las que tiene ella en su huerta cántabra. Estas me hacen especial ilusión, si no se las comen antes las babosas (o lumiacos para los entendidos).
Los tomates esperando a ser trasplantados. Los tomates me dan un poco de miedo porque, según lo que he aprendido hasta ahora, son bastante sensibles al agua. Pero estos me los ha dado una vecina rusa, que a su vez los ha traído de su pueblo en Siberia. Vamos, que si no me sobreviven unos tomates siberianos, creo que mejor dejo lo de los tomates.
Las acelgas rojas, ahí van. Confieso que las he plantado por el color
Y las hierbas aromáticas, estas van como locas, me parece que no me tengo que preocupar mucho por ellas.
Además de mi pequeño huerto, hemos heredado bastantes árboles frutales, y yo ya estoy empezando a soñar con tartas de cerezas...
...de manzana...
...ciruelas...
...y conservas de membrillo... ¡ilusión anticipada!
De momento, mientras espero los manjares de mi huerta, pruebo recetas para mi futura, y espero que abundante, cosecha :)
Como esta torta provenzal de acelgas de nuestra experta hortelana Ajonjolí.




