Esta vez voy a empezar la crónica de viaje en sentido inverso. En el avance de las vacaciones no desvelé que el viaje culminaría en una cocina algo más al norte, a los pies del Mont-Royal, donde durante tres días se celebró la cumbre transoceánica intercocinas entre esta modesta cocina y la, nada más y nada menos que, distinguida cocina montrealesa de Dña. Arantza.
La cumbre transcurrió pacíficamente y los asistentes fuimos agasajados por nuestra estupenda anfitriona con las más delicadas especialidades de su cocina: desayunos de pancakes y sirope de arce, cupcakes variados al mejor estilo estuardesco, cenas de pizza casera y festines de bogavante.
Durante tres intensos días de charlas y paseos admiramos calles, gentes, casas y patios traseros de la vile. En el barrio judío teníamos una cita con los mejores bagels de Montreal, los que se hornean en la boulangerie St-Viateur. Un paraíso de bagels, con bagels dulces y salados, con semillas de amapola, de sésamo, con cebolla, pasas, especias, canela...
Paseamos por el barrio latino, donde además tuvimos la oportunidad de conocer personalmente a Edith, una simpatiquísima lectora del otro lado del Atlántico.
Y de barrio en barrio llegamos al barrio chino para degustar una suculenta sopa de tallarines ramen y dedicar tiempo al window shopping.
De visita por otros rincones del mundo es imposible evitar las comparaciones y al respecto pude constatar algunas similitudes entre nuestras dos ciudades, por ejemplo, en el estilo del "mobiliario urbano". Sin embargo, y al contrario de lo que pueda pensarse, algunas costumbres montrealesas sorprendieron realmente a la representación berlinesa, como la forma que tienen los habitantes de Montreal de hacer cola para esperar al autobús, casi con religiosidad británica.
Esperando el autobús
Como no podía ser de otra manera, uno de los momentos más destacados de la cumbre intercocinas fue la cata conjunta de un producto todavía desconocido para ambas partes, que sirvió como sello en la firma del acuerdo para las fructíferas relaciones futuras, de ahí que el producto elegido fuera una fruta: el durián.
Una fruta no solo dura de pelar como se puede apreciar en las fotos (aunque la cáscara es más blanda de lo que parece), sino dura de comer, y no precisamente por su consistencia. Este fruto, al parecer emparentado con la familia del hibiscos, ha sabido encontrar un camuflaje perfecto para ocultar su delicado sabor. Además de tener un aspecto poco atractivo, ¡huele a demonios! (y cuando digo demonios, quiero decir demonios, al parecer en algunos países de Asia está prohibido en los transportes públicos). Es difícil explicar con palabras el olor de algo, ya que la percepción puede ser bastante personal, pero creo que en su momento todos coincidimos en que podría compararse al olor del agua de desagüe o de una alcantarilla estancada durante varios días, o de esas bombas fétidas con las que a veces juegan los críos. Al lado del durián, el olor de los huevos centenarios es agua de rosas. Intentando ser objetiva y eliminando la parte olfativa, el durián sabe bien. Su textura es cremosa, casi como unas natillas o un pudding de vainilla, pero es ¡tan difícil neutralizar ese aroma y concentrarse en el sabor mientras masticas, y mientras el olor sale y penetra por las fosas nasales!, al menos para nuestros paladares occidentales no acostumbrados. Probablemente por eso las facultades zen meditativas de monsieur M. le permitieron zamparse un gajo entero cuando el resto ya habíamos desistido en el intento.
Como de muchas otras frutas, del durián se dice que tiene propiedades afrodisíacas. Nosotros descubrimos también otros efectos secundarios, como que repite, y no solo en sabor. En fin, una experiencia que definitivamente une ;-)
Tampoco faltaron algunas especialidades quebequesas como el pâté chinois o la poutine (tenías razón Arantza, la poutine no es nada fotogénica) y otras cosas más sexys.
Como podéis comprobar, ¡las camisetas de Arantza existen!
Y si os ha entrado la curiosidad, más fotos de Montreal y alrededores aquí.
En próximas entregas: New York, New York!